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Jaida Yepez: “Me dijeron ‘te vas a arrepentir, la mecánica es para hombres’”

Era la única mujer. Quizás sería fácil encontrar su nombre en la relación de ingresantes. Pero no fue así. Preguntó en la sala de admisión y le respondieron que sí figuraba. Estaba entre los 10 primeros puestos. “Qué honor”, dijo. Había ingresado a Mecánica.

“De niña soñaba con ser doctora. Pero al final soy doctora de vehículos”, dice y ríe desde su taller en San Juan de Lurigancho. Cuando trata con los clientes, describe el funcionamiento del vehículo como si fuera una persona. “Es como cuando tú respiras, igualito está tu motor. Cuando tu corazón tiene mucha grasa, mira cómo está el aceite, no circula bien”, explica. Esa dedicación y trato han marcado la diferencia. Jaida Yepez se llevó el primer lugar del Premio Mujeres Emprendedoras 2020 del BCP liderando su empresa Vilca Motor’s, entre 3,500 empresarias que participaron en el programa.

Era la única mujer. “No, aquí solo hombres, no recibimos mujeres”, le decían cuando iba a buscar prácticas profesionales. Propuso que no cobraría y que ella correría con los alimentos. Solo así la aceptaron en un lugar donde no había baño para mujeres. Los sábados y domingos vendía ropa por las calles de Magdalena para cubrir sus pasajes y alimentación en aquel ‘centro de labores’. Pese a esas condiciones deplorables, Jaida las recuerda serena y mirando hacia adelante. Sabía que el camino era largo y ella lo sigue creando.

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-¿Cómo nace la idea de emprender un taller de mecánica?

Yo trabajaba en una empresa de grupos electrógenos. Tuve a mi hija y la idea era no separarme de ella porque recién había nacido. Entonces, con mi esposo decidimos abrir un taller para estar al lado de mi hija y poder trabajar. Él también es mecánico.

-¿En esa empresa cuál era su labor?

Mecánica de grupos electrógenos. Reparaba motores, les hacía mantenimiento y auxiliaba en provincias. Iba al Gas de Camisea.

-La mecánica está poblada por hombres. ¿Cómo lo hizo?

Cuando estudiaba en el colegio, pasé un día por Senati y vi varias carreras. La de mecánica me pareció interesante. Mi papá también era mecánico, aunque nunca trabajé con él, ni lo vi trabajar porque se retiró antes de que nosotros naciéramos. Estudié en Fe y Alegría y llevé varios cursos técnicos, como carpintería, y me gustó.

-¿Y qué le dijeron cuando ingresó a Senati?

Después de ver que había ingresado, salí y encontré puros hombres. Y me preguntaron a qué había ingresado. “Te vas a arrepentir de esa carrera, porque esa carrera es para hombres, no para mujeres. Le estás quitando la oportunidad a uno”. Así me dijeron.

-Qué fuerte. ¿Qué respondió?

Los miré y dije: “Espero que estén en mi salón para ver quién es mejor”. Empecé de cero, no sabía ni manejar carro. Así, con 16 años, comencé a estudiar esa carrera. Dentro de mi salón había algunos que me hacían bullying: “¿qué haces acá?, anda, prepara limonada, estás perdiendo tu tiempo”. Pero yo no hacía caso. Me dediqué a estudiar y practicar.

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-En el mundo laboral no debe haber sido muy diferente.

Cuando me tocó prácticas de taller, también padecí bastante, porque no querían recibir mujeres. Al final, buscando encontré un taller donde veían puros ómnibus y ahí trabajé. Llegaba temprano, limpiaba el taller, practicaba.

-¿Cómo los convenció para que la aceptaran?

Cuando les dije que no quería que me paguen nada, aceptaron. “En dos días veremos tu desempeño; y si no funcionas, te retiras”, me dijeron. Poco a poco me fui ganando la confianza. Era metida, estaba ahí, llegaba temprano, me iba tarde. Agarré más experiencia y entré a otro taller. A los 19 años ya era jefa de taller en mi área de diésel. Incluso, he trabajado en la Base Naval, donde encontré dos mujeres, y eso me impulsó más. De ahí no paré hasta que formé mi familia y decidimos trabajar independientemente, abrir el taller.

-¿Los clientes confían o también dudan?

Ya tengo años y ahora me recomiendan. Algunos me recibían con duda: “¿usted es mujer?”. Pero a la siguiente venían y pedían que yo los atienda (risas). O cuando llaman, preguntan por mí.

-Pese a los obstáculos, ¿qué ventajas diría que le otorgaba el hecho de ser mujer?

El cliente tiene más confianza. Existe la duda de que les puedan cambiar una pieza o que el trabajo quede a medias, porque la mala fama del mecánico es que termina su trabajo y se pone a tomar. Yo me gano la confianza en la manera como les entrego el trabajo. Como soy mujer, confían que soy más honesta. Tengo más paciencia y soy minuciosa. Yo les aviso lo que deben hacer de acá a unos meses. Cuando me llaman o me escriben, siempre estoy atenta a responderles y explicarles.

-¿Qué recomendaría a quienes, en medio esta pandemia, han abierto nuevos negocios o que están pensando hacerlo?

Hay que ir poco a poco. No hay que tener miedo a arriesgar. Si quieres hacerlo, hazlo, pero también capacítate. No se trata solo de vender sino explicar. No se trata de tener un día al cliente y hacerlo gastar, sino de tenerlo fiel, fiel al taller y a uno mismo, con el buen trato, confianza y garantía.

-¿Cuál es el ABC para las personas que tienen autos?

Antes de arrancar, siempre hay que revisar los niveles: aceite, agua. Hay quienes ponen la llave y salen; no esperan que el carro caliente un rato. El auto es como una persona. Lo otro es que siempre cumplamos con el mantenimiento. La mayoría espera a que falle la máquina para revisarla. El mantenimiento preventivo hace que uno ahorre en los mantenimientos correctivos. Las pastillas de freno te deben durar 30 mil kilómetros y las usan hasta 45 mil, ya cuando la pastilla no tiene nada y el fierro daña al disco del freno, y eso les sale más caro.

-¿Jaida, y entonces, la mecánica es solo para hombres?

(Risas). Es para todos. Mi sueño es tener una tienda de repuestos. Crear mis propias marcas de productos no contaminantes. Nada te puede parar si algo te gusta.

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AUTOFICHA:

– “Soy Jaida Yepez Tintaya. Nací en Pueblo Libre, en el hospital Santa Rosa. Tengo 41 años. Acabé el colegio en el 95 y desde quinto de secundaria ya me había inscrito en Senati para postular a Mecánica. Mi esposo me conoció trabajando en mecánica”.

– “La capacitación del BCP me abrió más los ojos para crecer más. Aprendí bastante. Ahora quiero modernizar mi taller y dar atención diferenciada. Nuestro taller es como mi quinto hijo. Quise estudiar Medicina, pero por las carencias económicas fui desistiendo. No sabía nada, pero hice mucho”.

– “Mi taller también es amigable con el medio ambiente. Tratamos en todo momento de que los carros boten menos monóxido. Reparamos como debe ser, el afinamiento como debe ser y que el cliente use aceite de buena calidad, un buen combustible. Hoy a todos mis clientes los atendemos previa cita”.

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